Duérmase lobo que el bosque está
y aunque se duerma, se quedará.
Duérmase lobo no tema, no
que mientras duerme crece la flor.
Que la abuelita no se va a Roma
y el cazador ya se durmió.
Duérmase lobo, cierre los ojos
que nadie viene a sacarle un
diente
de su bocota llena de antojos.
Duérmase lobo que a la mañana
Caperucita, con la canasta,
espera verlo por el sendero
para empezar otra vez el cuento.
¡Duérmase lobo, no sea miedoso!
Liliana Moyano. En: Nanas para bichos inquietos, Editorial
Comunicarte. Córdoba, 2014.

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